Me rescataron de un lugar donde no me cuidaban, donde pasé hambre y aprendí lo que es sentirse invisible. Llegué siendo ya una gata adulta, muy delgadita y cansada, pero aun así nunca perdí mi dulzura. Poco a poco recuperé fuerzas y entendí que sí existían las caricias, la comida segura y los días tranquilos. A veces siento que nadie pregunta por mí porque ya no soy una bebé, pero yo también sueño con tener un hogar y una familia que me quiera para siempre. Soy tranquila, noble y tengo muchísimo amor guardado esperando por alguien especial
Me llevo bien con gatos y perros