Cuando era apenas una bebé, pensé que iba a perder una de mis patitas para siempre.
Todo empezó por un nailon que se me enterró y me hizo una herida muy fea. Me llevaron a un veterinario en Santiago y dijeron que tenía la pata fracturada, que la única opción era amputarla.
Pero alguien decidió buscar una segunda opinión antes de rendirse conmigo… y eso me cambió la vida.
Mi patita no estaba fracturada. Solo necesitaba el tratamiento correcto, tiempo y mucho amor para sanar. Me curaron con paciencia y, poco a poco, volví a caminar como cualquier otra gatita.
Hoy corro, juego, salto y hago travesuras sin ningún problema. Esa patita que muchos creían perdida sigue conmigo, recordándome que a veces solo hace falta que alguien crea en nosotros.
Ahora estoy completamente recuperada, hermosa y lista para encontrar la familia que me acompañe el resto de mi vida. Prometo llenar tu hogar de ronroneos, juegos y muchísimo amor. ¿Me das la oportunidad de escribir un final feliz? 🩷🐾